© 2008 Lorena Gil

A Dios pongo por testigo

Tras hacer caso a Urban Woman y recomendarme la vuelta al gimnasio, ni corta ni perezosa, decidí seguir su consejo y después del primer día puedo decir que he vivido una experiencia maravillosa que no volveré a repetir mientras me quede un hálito de vida y créeme si te digo que ese día casi pierdo hasta el hálito.

Nada más se me ocurre a mí, tras años de ausencia en los gimnasios, comenzar con Spinning. Debo confesar que no lo había hecho antes pero como todo el mundo sale fascinado de esas clases y casi hay que hacer reserva, decidí  entrar cuando vi que sobraban dos bicicletas.

Por si todavía hay una ignorante de la vida como yo, que sólo sabe la teoría pero que aún no lo ha vivido, voy a contaros mi verdad acerca del spinning. Esta variante de la bicicleta estática, se vive con música a todo trapo, luces de neón y de colores y un monitor que te marca el ritmo de subida bajada y desmayo pertinente, que es lo que estuvo a punto de sucederme a mi.

Como no había sitio en la última fila me pongo en la segunda al lado de un señor con unos kilos de más porque mi teoría es: si él pesa más que tú lo hará peor…mentira, mentira, mentira. Para empezar, no tengo ni la mas remota idea de como se modula la bicicleta de marras y, como mi nuevo compañero no conocía mis pensamientos absurdos, el amable señor me ayudó a regularla.

Me subí con mucha dificultad porque no alcanzaba y se me salían los pies de los pedales, porque también había que colocarlos, pero decidí que ya había abusado lo suficiente del hombre y callé. Empieza la clase, y de repente te apagan las luces, saltan las de neón, el bacalao se oye y retumba por toda la sala. He de reconocer que a mí hacer deporte nunca me apetece, pero con ese ambiente a mi se me antoja un ron con limón y un pitillo.

Como soy de risa fácil y más cuando lo veo todo como en una película en mi cabeza, obviamente la carcajada me nació y  el profesor me miró insistentemente. Antes de continuar te diré que es clavado a Eduardo Noriega pero con 50 centímetros menos a lo largo, es decir, es un tapón de botella. El monitor gritaba y yo sólo sudaba con un mareo para caerme, sin agua y sin toalla. Te confieso que amén de risueña soy un despiste y me lo dejé en la taquilla por mi afán de no perderme ese martirio.

Como no había solución, me seco con la camiseta y menos mal que nadie estaba atento porque mi flamante sujetador se me vio con todas las de la ley y acentuaba su blancura con las luces de neón (algo que ya me daba igual porque estaba para morirme). Mi amable compañero al que no hay que olvidar que, por cierto, se llama Julio, me ofreció su botella de agua pero elegí entre babas y deshidratación y me quedé con la última.

Arriba y abajo con las marchas y yo me sentía como Indurain subiendo el Tourmalet pero a lo cutre. Cuando por fin va acabando la clase, descienden el volumen de la música para empezar los estiramientos y averigüé de repente, de donde provenía el ruidito machacón que había estado escuchando toda la clase. El profesor nos mira fijamente y pregunta: -  ¡A ver! ¿quien tiene la bicicleta rota? – y lo pregunta cuando todos teníamos los brazos arriba estirando (se parece a Eduardo Noriega pero no es un lince) -. Con los brazos en alto empece a saludar para que se diera cuenta de que era yo la afortunada y todos se giraron en redondo para ver quien era la inútil total que no había descendido de la bici y se había cambiado a otra. Y el muy discriminador grita:- ¡Tú, para! Los demás continuad estirando mientras pedaleáis suavemente.

Cuando por fin descendí de la bicicleta, casi beso el suelo como el Papa y di gracias al Señor por estar viva, me acerque con un profundo odio hacia él.

- ¿Es mi primer día de clase y me das la bici rota? Eso es tener muy mala uva.

- Antes he preguntado quien venia por primera vez y no me lo has dicho

- Normal, no había llegado.

- ¿Qué te ha parecido?

- Yo me voy a suicidar ¿tú que vas a hacer ahora?

- Mujer, no te preocupes, cuando lleves cinco clases ya verás como no te cuesta tanto.

- Prométemelo

- Te lo prometo

Con ese pacto sellado verbalmente me dirigí andando de una forma muy extraña hacia los tres pisos de escaleras que me quedaban por bajar. Pensé en bajar rodando, pero el remedio iba a ser peor.

Al salir llamé a un amigo

- ¿Puede ser que le tenga alergia al deporte? Tengo los brazos rojos me pican mucho y ya me he tomado un antihistamínico.

- No, idiota. Lo que te pasa es que llevas 33 años sin poner en marcha tu circulación y el cuerpo se sorprende de que lo utilicen. Encima te has metido en lo mas duro el primer día.

Algo mas tranquila pero ofendida a más no poder por mi propia ignorancia y por haber abandonado mi cuerpo a su suerte durante tantos años, no me moví del sofá en tres horas. Dejo a tu inteligencia las agujetas que sufrí. Pese a ello y con más moral que el alcoyano retomé las clases al día siguiente. Si el spinning era divertido, como has podido comprobar, el aerobic también tiene su aquel pero otro día te contaré esa historia. Si bien es cierto, que si Indurain ganó el maillot amarillo, a Dios pongo por testigo que yo no quiero uno aunque sea de grana y oro

One Comment

  1. Vic Mackey
    Posted 21 Enero 2009 at 12:08 pm | #

    Todavía me estoy riendo… Gracias por hacer más llevadero el día con joyas como esta.

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