Habría sido un buen titular “no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes” sin embargo, me parece trillado y falto de ambición por mi parte pese a la certeza de este dicho popular.
¿Te has parado a pensar alguna vez cuántos momentos que has vivido, querrías borrar? Yo creo que incluso pagaría por eliminar muchos de los míos. Gracias a la genética o vete a saber, parezco Dumbledore y lo que no me gusta en mi vida lo dejo en un pensadero y jamás vuelvo a él, bajo ninguna circunstancia.
Del mismo modo, existe el envés de esta situación, ese segundo al que querrías volver y repetir para mejorar lo que hiciste. Lo cierto es, que por el camino vamos dejando historias de nuestra vida, minutos que nunca volveremos a recuperar y que no podemos cambiar.
Al que consideramos el amor de nuestra vida, muchas veces es el que hemos perdido de la manera más dramática e incluso desconocemos cómo sucedió, porque se nos desdibuja la situación de las vueltas que le hemos dado. En pocos meses e incluso días, ya está con otra y nuestra cara es una pura incógnita.
Tras años viendo esa cara en mis amigas, conocidas e incluso delante del espejo, llego a la conclusión de que no ha pasado nada. Nada es la palabra. Nada es lo que has hecho para retenerlo a tu lado, nada para que la otra te lo arrebate sin casi pestañear.
Amén del amor, el cariño, la complicidad, la amistad, queda una parte muy importante que descuidamos sin apenas darnos cuenta: el sexo.
Cuando comienzas una relación es la parte que más intensamente vivimos pero a medida que pasa el tiempo el estrés, la monotonía, los niños, la falta de tiempo o de sueño, es la protagonista de nuestra vida y el sexo lo relegamos a cuando se puede e incluso es casi una tarea pendiente. “Creo que ya toca. Últimamente no le hago mucho caso, pero estoy tan cansada…” Son frases que se pasan por nuestra cabeza con relativa facilidad, tanta como “tengo que limpiar los armarios de la cocina”.
Lo mires por donde lo mires, esto mina una relación. Todas sabemos que somos nosotras las que decidimos cuando, cuanto y con qué calidad. Sí has leído bien, calidad. No es lo mismo aquí te pillo aquí te mato con las zapatillas de estar por casa que una negligé y depilada. Todo cuenta. Ellos no deciden en este tema, si a ti no te apetece es punto de partido y todos a casa a dormir.
Nuestro juego tiene que ser más continuo, menos tedioso y atrayente para el contrario. Así que hay que ponerse las pilas porque en cuanto te descuides no valdrá tanto el amor. La vida no es sólo cariño infinito, la alegría del sexo la satisfacción es primordial sino te verás cantando como Sara Montiel en el Último Cuplé “por Dios mírame, mírame poquito a poco por favor que quiero saber si es verdad que tú me quieres como yo” y él ya no estará.