No debido a mi sentido ecológico si no al cabreo monumental que cojo cada vez que una botella de plástico no cabe en la basura, le he hecho a mi pareja un regalo Hommer, es decir, te lo compro pero lo usamos los dos. El regalo es un contenedor de basura ecológico para poder separar papel, plástico y cristal.
Llegados al momento ecologismo comencé con tesón, incluso sintiéndome bien conmigo misma, hasta que llegué a la parte de tirar la basura. Mi pregunta es: si quieres que me conciencie con el medio ambiente ¿por qué me fustigas?
Los Ayuntamientos desean que yo sea una ciudadana modelo pero si me lo pones difícil ¿cómo pretendes que me convierta? esto es como la cienciología si después tengo que comer placenta, ciencióloga no pienso ser ni nada que empiece por cien por si acaso.
El primer paso para ser una ciudadana modelo en el tema ecológico, es hacer un curso avanzado de investigación o superar con sobresaliente los cinco primeros libros de “¿Dónde está Wally?” para encontrar los dichosos contenedores. Si está el de cristal, no está el de plástico y si está el de plástico no está el de papel. ¿Dónde están? Ah!! Ciudadano mío ése es su problema.
Si además vives en una pedanía como es mi caso, recorres las cuatro calles moviendo la cabeza, blasfemando y con las manos levantadas al cielo en señal de protesta y la gente empieza a murmurar: mira, ahí va la loca ecologista jurándosela al ayuntamiento ¿sabrá que aquí no hay?
Para seguir leyendo este artículo te invito a entrar en laislatuerta.org web donde colaboro, y en la que cada semana podrás encontrarme.
2 Comments
Meses atrás, mi menda lerenda montó un dispositivo ecológico de pro en la cocina. Durante unos meses batallé con el niño grande que tengo en casa para que recordase separar la basura. Y después de todo el esfuerzo, un día me asomé a la ventana y vi cómo los señores que recogen la basura lo mezclaban TODO en el mismo contenedor. Pregunté a una señora del departamento de Medi Ambient que, muy amablemente (y como si yo fuese subnormal) me explicó que eso era totalmente normal y que nos hacían separar la basura para “educarnos”, que luego ellos ya sabían perfectamente lo que hacer.
True Story, como la que te conté de los ginecólogos de mi C.A.P… Pues así.
Muy bien dicho, Lorena…al final no es que uno no quiera, es que no le dejan, leñe…