Son muchas las personas que me cuentan su vida y sus problemas diariamente sin tan siquiera preguntar y, aunque me suelen decir que el mundo se ha perdido una gran psicóloga, yo sé que no habría sido mi mejor opción. Yo no dejo que los demás lleguen a la conclusión de lo que deberían hacer ellos solitos, no, yo te digo lo que hay que hacer y punto. Como comprenderás éso no es bueno.
Me doy cuenta que la gente, en ocasiones, sigue al pie de la letra lo que yo he dicho y me impone respeto tener esa responsabilidad en mi cabeza.
Así pues, he decidido que ya está bien y que no pienso aconsejar más porque luego la vida suele dar un giro inesperado y las culpas van para ti y una tiene una conciencia que cuidar.
Antes de mi prejubilación de psicóloga de pacotilla, he decidido dejar un último coletazo dedicado a todos los que se me acercan en busca de la clave de la felicidad amorosa, la cual a mí me costó 31 años encontrar en un camino lleno de batacazos, y de la cual no tengo la explicación plausible a lo que pasó, sin embargo, aprovecho para darle las gracias a quien me proporciona alegría desde entonces
Lo único que puedo decir es que no puede resultar tan difícil querer cuando es la persona adecuada. Supone trabajo diario de dar y recibir sin intentar que la rutina acabe contigo pero no puede ser un “ni contigo ni sin ti tienen mis penas remedio”. Cuando intentamos justificar tanto delante de otros y cuando llegan la consabidas frases de: “tú no lo conoces”, “es especial”, “es diferente”, “pero yo sé que me quiere” sólo me dan ganas de responder en el mismo orden: “ni quiero”, “¿como para hacerte cuánto daño?” “¿al resto de la gente?” “y yo quisiera un coronel si me quisiera él”.
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One Comment
Es que eres la voz de muchas conciencias, ¡qué se le va a hacer!, jajaja.
Pero tienes razón, escuchar siempre, pero dar consejos, los justos, a la gente justa si acaso.
Aunque, qué te voy a decir yo, voz de mi conciencia… si eres mi “otro yo” jajajaja