© 2009 Lorena Gil

Querida Romy:

He de decir que mi admiración hacia ti surgió por la que mi madre ya te tenía desde hace años y fue ella la que me descubrió tu trabajo y tu historia. He querido remarcarlo porque tu madre fue también la que te enseñó a ti los pasos a seguir en el mundo del cine.

Nacida en Viena en una familia de actores entendiste que no había otro camino para ti una vez probaste los escenarios junto a ella, la conocida actriz Magda Schneider. Pero de casta te venía ya que tu abuela era más conocida si cabe: la Sarah Bernhard austríaca.

Comenzaste con apenas 15 años en la película Lilas Blancas y tras ella se abrió ante ti un aluvión de ofertas de trabajo mientras soñabas con rodar con el que siempre fue tu actor favorito: Orson Welles.

Pero antes de que te llegara esa oportunidad, te hiciste aún más conocida al coronarte como emperatriz en la trilogía de Sissi que te valió el premio a la chica más bonita del mundo que recibiste de manos del mismísimo Walt Disney.

Con tan sólo 20 años conociste al que sería el amor de tu vida Alain Delon y como tu madre predijo te abandonó rompiéndote el corazón y en ella buscaste consuelo y volviste a entablar la relación que habías perdido al unirte al famoso actor. Te casaste con él un año más tarde, pero te abandonó y tras él fueron muchos los que intentaron ocupar su lugar. Primero con el actor y director Harry Meyen con quien tuviste a tu hijo David Christopher. Harry terminó suicidándose no sin antes haberte quitado la mitad de tu patrimonio que tú cediste a cambio de la custodia de tu hijo.

Sin perder la esperanza de volver a enamorarte, conoces a Daniel Biasini quien fue tu tercer marido. Con él tuviste a Sarah Magdalena pero tampoco pudo darte lo que buscabas y te mudaste con Laurent Petin quien se encargó de cuidarte en tus largas noches de insomnio y alcohol.

Pese a ganar dos premios César y ser considerada como una de las grandes actrices de tu tiempo no podías ser feliz. Ni siquiera trabajar con Woody Allen, Marcello Mastroinanni o tu ídolo Orson Welles, pudieron sacarte del tenebroso mundo en el que te hundías y sin haber podido superar la muerte de tu segundo marido, la mayor desgracia aparece frente a tí: tu hijo David con 14 años muere al saltar una verja y no pudiste despedirte de él.

Nunca podremos llegar a sentir lo que tú sentiste en ese momento y sólo diez meses más tarde morías en el sofá de tu casa, sin poder determinar si fue un infarto o un suicidio lo que te alejó de este mundo y del mundo del celuloide.

Nacida con estrella podría decirse que fuiste “Una mujer singular” que junto a Orson pudiste formar el equipo de “Los Vencedores” pero en tu corazón siguió estando Alain Delon que te acompañó en todo momento pese a no ser pareja convirtiéndose en tu “Fantasma del amor”. Sin embargo, considero que el verdadero lo tenías más cerca y llevaba “Lazos de Sangre” siendo tus hijos y tu madre los principales protagonistas y los que te trataron como te merecías desde “Los jóvenes años de una Reina” (la de tu casa que es la que importa), y te acompañaron hasta tu madurez viviendo y muriendo con similitudes hacia la que tantas veces interpretaste y por ello lloramos como en el cine por “El destino de Sissi”.

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