Los viajes, tan propios de esta época del año, implican escapadas con amigos o familia a cualquier destino que no esté demasiado lejano porque son pocos los días que tenemos por delante, sin embargo, se pueden convertir en una auténtica pesadilla.
Me gustaría dejar bien claro que, al igual que en este viaje al que llamamos vida el compañero/a que te busques es fundamental, en un viaje a un destino vacacional se nos plantea el mismo dilema.
Por muy amigos que seamos de alguien, eso no implica que podáis viajar juntos. Lo normal, es que cuando te independizas compres la misma marca de leche que te daba tu madre y cuando viajas hagas lo mismo que hacían tus progenitores porque así te han criado. Calculando que con quien viajas no suelen ser ya tus padres, las costumbres varían de una genética a otra y el problema nace en: ¿quién modifica su conducta?
Si eres de levantarte temprano, ver sitios fascinantes y llegar reventado para cenar ducharte y a dormir, nunca serás afín al que se levanta tarde entras por los pelos en algún museo y después se va de copas. Las peleas surgen al instante y existen varias opciones o comienzas a ir por tu cuenta o entablas una relación directa con el Dalai Lama convirtiendo tu ansiedad en un momento zen.
Yo he vivido las dos vertientes, la de viaje insoportable en el que preferiría que me hubieran practicado cualquiera tortura China y viajes deliciosos que nunca desearía que acabaran.
Ahí es donde nace mi aversión a lo desconocido en estos temas. Me niego a viajar con cualquiera porque lo que puede ser un viaje tranquilo en primera clase en el Euromed, se puede convertir en uno lleno de sobresaltos y escobazos como en el tren de la bruja.
A mi modo de entender, en la vida escogemos ese compañero de viaje afín con el que disfrutas te ríes y te compenetras y si te vas de vacaciones debe ser igual porque sino puedes terminar odiando al compañero y al destino por igual.
He de reconocer que son pocas las personas con las que realmente disfruto viajando y mis mejores recuerdos me transportan siempre a Francia París y Lourdes fueron los lugares donde más disfrute ¿recuerdas los tuyos? Pues haz memoria y estas vacaciones, si es posible, escoge el mismo acompañante.
Recuerda que el Euromed mal acompañado se puede transformar e el Tren de la Bruja, aunque yo lo hubiera deseado en más de una ocasión ya que, al menos, tenía claro que al caer la tarde llegaba a casa.
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A Santiago de Compostela…