Llega un momento en la vida de toda mujer que antes de preguntarte qué tal tu vida laboral, las personas que se encuentran en tu camino comienzan a hacerte la siguiente cuestión: ¿y tú para cuando te animas?
Lo primero que debo decir es que yo soy muy animada por naturaleza así que, aunque sabes perfectamente a qué se refieren, prefieres salir de la situación con frases del tipo:
- uhhh ni idea. Estoy muy bien como estoy.
- La verdad es que ya va siendo hora. jeje (léase el jeje con risa por lo bajo, rubor en las mejillas, mirada desviada, sonrisa falsa e incomodidad patente).
Y por último la que más empleo y me sirve para toda ocasión:
- No gracias, ya tengo gato.
Y es que hay que entender que aunque se haya alcanzado lo que muchos denominan el status de “se te va a pasar el arroz” (frase atroz donde las haya), a mi el complejo de paellera de segunda mano me importa un pimiento de los que decoran la susodicha comida.
Considero que cada cual tiene un momento en la vida para decidir cuando el arroz esta pasado o en su punto, porque para gustos los sabores en este caso, y hay unos a los que les gusta caldoso, otros más bien duro y a otros quemadito por debajo.
Hace unos años que ya ha cambiado la edad para tener prole. Antes a los 25 eras una edad perfecta para empezar a plantearte ser mamá y ahora a partir de los 30 te lo cuestionas y para cuando te decides ya has llegado a los 35 y sigues siendo mamá y joven.
Del mismo modo, los hábitos de vida familiar han variado en exceso en las últimas décadas. La mujer ya no se queda en casa para cuidar de sus vástagos, sino que deben trabajar porque no están los tiempos como para tener un sueldo menos y bocas que alimentar con la Playstation, la Wii y diez mil juegos más que cuestan más que unos Jimmy Choo, los cuales ni se me ocurre comprarme si tengo hijos y sino los tengo probablemente tampoco.
Los niños de ahora requieren más dinero en actividades extraescolares, juegos, clases particulares, colegios, guarderías que cuestan más que un spa e incluso psicólogos. Sí, los niños de ahora van al psicólogo, los de antes se lo contaban a sus padres, a sus amigos o seguían con su vida sin preguntarse nada más.
Pero claro, si la madre trabaja y el padre también ¿quién se queda con el niño, la niña o ambos al son? Opciones no quedan muchas pero la más actual es que se lo queden los abuelos y así ahorramos.
Aquí se presenta una lucha sin cuartel en mi alma. Por una parte, ¿con quién va a estar mejor que con sus abuelos? pero por otra ¿por qué tiene que pasar ellos por lo que ya hicieron una vez con esfuerzo? ¿no es el momento de dejarles descansar?.
Muchos me dicen que están encantados pero yo no lo veo justo y la injusticia me supera.
Lo cierto es que compaginar la vida laboral y la personal es muy complicado, máxime con hijos y si trabajas y el peque se pone enfermo acuden a la madre, el médico a la madre, actividades, deberes, arropar, dar de comer, jugar,… a la madre. Pero como madre no hay más que una y clonar sólo a las ovejas, no nos podemos dividir y, en ocasiones, es cuestión de decidir.
Compañeras de trabajo que hace dos días te contaban sus expectativas laborales, sus problemas con su marido o la última película que había ido a ver, ahora las ves entrando a huratdillas en el baño con un sacaleches para luego tener biberones a tiempo que le dejará a su madre o a su suegra ante de ir al trabajo al día siguiente.
Por esto y miles de cosas más que prefiero ni mencionar, cuando alguien me hace la preguntita de marras: – ¿y tú para cuando? – creo que mi mejor opción sigue siendo, al menos durante un poquito más: – no gracias, tengo gato – ya que primero tengo que hacerme una pregunta a mí misma y saber la respuesta: ¿sonajero o cascabel?
One Comment
El problema es la concepción social del tiempo, parece obligatorio fijar momentos oportunos para cada cosa, y la cuestión en estos casos es que quizás “demasiado pronto” está muy cerca de “demasiado tarde”, de ahí las premuras y los arroces. Sin embargo, tú estás muy durita todavía, así que no has de obsesionarte, sino continuar feliz con tu gato, con tu vida, y que “el Señor los mande cuando quiera”. Y si no fíjate en la señora AR, que vamos, no sé cuántos echarle, pero me corto un dedo por que más de 35 abriles… y ahí está la tía, con sus (lo menos) 50 tacos, y con sus retoños y sus portadas a base de Photoshop. ¿Y qué tiene Ana Rosa que no tengas tú?
Un besote enorme, chirli.