Torres más altas han caído.
Febrero 06, 2010 / Author: Lorena Gil / Category: La isla tuerta 2.0, Tenía que contarteQué poca dignidad hay en las caídas. Da igual la edad, da igual la altura que tengas o desde la que te caigas, el resbalar, tropezar, derrapar o saltar cuando el destino último es el suelo, tiene poco glamour. Las risas o el susto que suele acompañar a estos infortunados avatares del destino, traen consigo humillación, risa o llanto pero poca clase.
Hace tan sólo un par de días, bajaba con toda normalidad la escalera de mi casa, no creas que estaba intentado emular a Norma Duval, iba a por un simple vaso de agua pero no pisé bien el escalón y caí. Seamos claros, no es la primera ni la última vez que la escalera o mis pies me traicionan (no sé aún a quien culpar que no sea a mi despiste continuo), pero la sensación de ir a cámara lenta, de saber que hagas lo que hagas ya no hay remedio es muy frustrante.
Te ves caer y sabes que consigo viene el dolor. Lo que desconoces es si la mano que apoyas será la que te salve de seguir cayendo más abajo, si tu espalda, riñones y trasero conseguirán librarse de los cardenales o si es preferible caer de espaldas o de frente. Yo opté por la espalda pese a que mi osteópata tendrá más trabajo cuando volvamos a vernos pero es que partirse la boca implica sangre, que es muy escandalosa, y acababa de fregar. Sé que son segundos, sin embargo, te da tiempo a escoger diversas opciones.
Lo que tuvo de diferente esta ocasión fue, que del susto que me llevé, mi cuerpo reaccionó con una bajada de tensión y una consabida lipotimia. Véase la escena: mi pareja corre al rescate y cual Rhett Butler me recoge de la escalera y me deposita en suelo plano levantando mis piernas y colocándolas en una silla para que volviera en mí.Si ya tenía poca dignidad tras la caída ¿te imaginas la escena de después?
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